CONFERENCIA IBEROAMERICANA

En la Declaración final de la I Cumbre de 1991 se consagra el reconocimiento político de la existencia de una comunidad, de un espacio común iberoamericano, al que de año en año se ha ido dotando de profundidad y contenido.

Su institucionalización queda sancionada en el último párrafo de dicha Declaración:

“…hemos decidido constituir la Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno con la participación de los Estados soberanos de América y Europa de lengua española y portuguesa”.

La Conferencia Iberoamericana tiene como eje central de su ciclo anual la celebración de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Se trata de una conferencia diplomática del más alto nivel. Una expresión propia de la “diplomacia de cumbres”, característica del actual escenario internacional.

La Cumbre es, seguida de la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores, la más alta instancia política de la Conferencia Iberoamericana. La Secretaría Pro Témpore es ejercida anualmente por el país en el que se celebra la Cumbre. Esta se organiza con el apoyo de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).

Las Reuniones de Coordinadores Nacionales y de Responsables de Cooperación son las instancias de gestión y de discusión habituales, y se convocan varias veces al año. Por su parte, las Reuniones Ministeriales Sectoriales reúnen anualmente a los ministros y altos responsables iberoamericanos de todas las áreas; también se celebran reuniones preparatorias de naturaleza técnica.

Los encuentros de altos mandatarios constituyen un foro privilegiado para tratar asuntos multilaterales. Crean un clima de confianza entre los diversos actores que permite intercambiar experiencias, establecer diagnósticos compartidos y concertar posiciones comunes ante los desafíos que enfrenta la Comunidad.

Esquema de la Conferencia Iberoamericana

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